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sábado, 20 de junio de 2015

El país al que quiero llegar

Por Luis Manuel Aguana

"No hay viento favorable para el barco que no sabe adónde va", afirmaba Séneca (4  a. C. - 65 d. C.) en una de las sentencias precursoras del pensamiento estratégico. No es posible que establezcas que algo es bueno para conseguir tu objetivo si no sabes cuál es ese objetivo, ni para donde te diriges.

Mucho de eso es lo que hemos encontrado en este largo camino constituyente. Hay variadas opiniones en relación a cual es el verdadero objetivo de lo que queremos alcanzar. Y como ha sido ciertamente difícil explicar que es lo que buscamos, entonces tal vez sea más fácil explicar que es lo que NO buscamos con eso:

a) No buscamos "salir" del abominable gobierno de Nicolás Maduro, aunque esto parezca contradictorio. La salida de este desgobierno es una consecuencia del proceso constituyente pero no lo consideramos el objetivo "per se", entre otras razones porque uno no convoca al constituyente para cambiar un gobierno (para eso son las elecciones) por malo que este sea. Lo convoca cuando, según palabras de Donnedieu de Vabres, en su obra L’Etat (1994): “se llega a una total ingobernabilidad e inseguridad jurídica y no hay reglas de juego claras.  Cuando se desborda el enfrentamiento político, el odio, y la división prevalece entre los ciudadanos.  Cuando un gobierno dilapida los mayores recursos que ha tenido el país en toda su historia y no hay manera legal de controlarlo.  Cuando la corrupción, la incapacidad, la inseguridad y la impunidad incrementan la situación de crisis. Cuando todas las realidades anteriores nos puedan conducir al abismo de una guerra civil”. Nadie puede dudar ni discutirme que ese no sea el país que tenemos ahora y la situación actual de Venezuela.

b) No buscamos un regreso al “status quo” político de 1998.Venezuela venía desde hacía muchos años siendo víctima de un desmantelamiento institucional producto del dislocamiento político de los partidos, que abandonaron su función de ser los intermediarios legítimos de las necesidades de la población a ser un objeto en sí mismos.

Los partidos políticos competían, y todavía pretenden competir, por administrar la renta petrolera. Sus ofertas se basan en convencer al electorado en quien maneja mejor la chequera petrolera de un país que no produce lo que necesita para vivir. Eso los hacía ricos en poder y dinero, y lo que "chorreaba" -el repele-, era lo que le quedaba a la población. Lamentablemente para ellos -y afortunadamente para nosotros- ese dejó de ser el paradigma de la Venezuela del futuro.

c) No buscamos satanizar a los partidos políticos, ni hacemos “anti política” como algunos han querido acusarnos. Los partidos son necesarios para el funcionamiento de la democracia, pero deben cambiar y realinearse de acuerdo a las nuevas realidades. No hemos visto que eso haya pasado. Todavía quieren administrar la chequera basados en un paradigma que se extinguió. Después de esta tragedia lo que hay es trabajo y muy poca paga, en un proceso de reconstrucción que nos debe involucrar a todos. Deben entender que la riqueza hay que crearla primero para poderla repartir. Los partidos que tenemos aun se pelean como borrachos por una botella vacía. No hay planteamientos serios y solo oímos consignas y "programas de gobierno". Es por eso que requieren de sangre nueva de la sociedad civil no partidista, abriéndose al país, democratizando sus cuadros de dirigencia. Se necesitan con urgencia nuevos partidos con nuevas propuestas y nuevos esquemas. Todos, absolutamente todos los partidos que tenemos ahora responden al liderazgo de una sola persona, que cuando no está, el partido desaparece o pierde el rumbo. No se han dado cuenta que llegamos al Siglo XXI

d) No buscamos presentarnos como una opción de poder ni de gobierno porque eso NO ES lo que está en juego ahora, SINO EL PAIS. El Movimiento Constituyente que presenta el Proyecto País Venezuela (http://proyectopaisviaconstituyente.blogspot.com/) insiste en aglutinar a los factores que entiendan que primero hay que construir un pacto político que funcione y que todos los actores políticos depongan TEMPORALMENTE su natural carrera por el poder para sentarnos A DEBATIR VENEZUELA primero, y eso no se puede hacer sino convocando al Constituyente, en elecciones justas y transparentes de delegados constituyentes que representen genuinamente todas las tendencias y pensamiento de Venezuela, construyendo un acuerdo PARA CONVIVIR EN PAZ. Eso es lo que nosotros llamamos RECONCILIACION, pero con justicia y reparación.

Los partidos tienen la idea equivocada que si "salimos" de este desgobierno es suficiente para recuperar al país. Están absolutamente equivocados. Es condición necesaria pero no suficiente salir del desgobierno de Maduro para lograr estabilizar política y económicamente al país. El caso venezolano no es ya de un "quítate tu para ponerme yo", porque “nosotros” lo haremos mejor. Tal vez lo fue en los primeros años del gobierno de Chávez. Hoy se requiere de muchísimo más que eso. Hoy se requiere del concurso de TODO EL MUNDO, rojitos incluidos-pero no los rojos delincuentes- para reconstruir el país y eso no se puede lograr sin acordar las bases mínimas de un pacto político que haga al país estable por muchísimos años. Y eso no se logra sin una Constituyente.

Entonces la Asamblea Nacional Constituyente, vista como un punto de encuentro de voluntades representativas de los diferentes sectores del país, lo que se da en llamar el País Nacional, deberá establecer las bases de una nueva Venezuela, comenzando por acordar esa transición política que requiere a gritos el país.

Nosotros plantearemos en el seno de esa Asamblea Nacional Constituyente la necesidad de reconstruir el país desde la perspectiva de la Rebelión de las Regiones. Esto es, que visto que el país necesita producir riqueza porque ya no podemos sustentar desarrollo solo con petróleo, es indispensable darle la autonomía política, financiera y administrativa a las regiones para salir adelante de esta crisis. Federalizar al país, con un Congreso a dos cámaras que controle de verdad al Poder Ejecutivo mas allá de lo que se ha hecho hasta ahora, teniendo a un Presidente como un coordinador, no como un Rey que se gasta nuestro dinero como si fuera suyo.

Ese es el país al que quiero llegar, teniendo claro cómo hacerlo. Cualquier viento que me lleve allá será favorable porque entonces el barco donde navegamos ya sabe adónde va...

Caracas, 20 de Junio de 2015

Twitter:@laguana

lunes, 23 de febrero de 2015

La hora de la verdad de un Acuerdo para la Transición


Por Luis Manuel Aguana

“Los liquidarán uno por uno. Muchos piensan que será a otros pero no a ustedes,
y eso se lo dicen porque no ven que el número de ejecución
lo tiene cada uno de ustedes en la espalda”
Diego Arria, “La hora de la verdad”

“Cambiar un régimen implica una transición, una modificación en el sistema de reglas sobre el que se sustenta. Y ese cambio de reglas no puede confundirse con un simple cambio de gobierno, cuestión que no implica más que alternabilidad. Por ello cuando sostengo que necesitamos una transición, me refiero a que es necesario desmontar todo el aparataje que se encuentra al servicio de Hugo Chávez. No simplemente sustituir a Chávez, sino derrumbar el sistema que le ha permitido actuar impunemente”. Esto lo publicó Diego Arria, así como la cita que encabeza esta nota, en su libro “Venezuela. La Hora de la verdad” (1). Sin embargo Arria, antes de la publicación de su libro, ya venía insistiendo en el tema de la transición desde hacía mucho tiempo, al punto de haberlo hecho público a la nación en el debate de los precandidatos de la Unidad en Noviembre de 2011 en la UCAB (Diego Arria – Debate de Precandidatos http://youtu.be/-232d0eHJ7A. Ver Debate completo en http://youtu.be/gJji8xoXEAI).  Lamentablemente ni la oposición, ni el liderazgo opositor entendieron el concepto sino luego de más de dos años-casi tres-, un montón de muertos y una economía devastada.

Por eso le damos la bienvenida al llamado a los venezolanos a un Acuerdo Nacional para la Transición firmado por María Corina Machado, Leopoldo López y Antonio Ledezma (http://www.ventevenezuela.org/comunicado/).  Pero lamentablemente llega tarde, demasiados muertos tarde, y además incompleto. Algunos dirán que me volví loco al decir estas cosas de un documento al que prácticamente está apoyando hoy toda la oposición, y que entre otras cosas le ha costado la cárcel a uno de sus líderes más importantes, Antonio Ledezma, habiendo arreciado la persecución a María Corina Machado. Pero a veces es necesario ir a contracorriente cuando por convicción honesta creemos que se está cometiendo un error. Por eso a esas personas les digo que el llamado a un Acuerdo Nacional para la Transición, además de llegar tarde, carece de una pieza fundamental, sin la cual solo es una lista de deseos que pueden convertirse en una frustración más en esta historia lamentable de la oposición: la vía constitucional para llegar a ella.

En efecto, al Acuerdo le faltó lo que el régimen ahora le imputa a Ledezma: ¿cómo se llega a una Transición sin antes haber cambiado el gobierno? De acuerdo al régimen, Ledezma, María Corina y Leopoldo “conspiraban” para dar un golpe de Estado para realizar lo que indican los tres puntos del Acuerdo.

Si bien es cierto hay una percepción nacional, como indica el Acuerdo, que “el gobierno de Maduro ya entró en una fase terminal” por todas las barbaridades que a diario vemos los venezolanos, no menos cierto es que nadie tiene la certeza de ese “ineludible derrumbe” que todos queremos que se haga realidad, pero que tenemos meses, y años esperando-salvo que estemos conspirando, como dice el régimen. Por eso es que se adelantan y señalan a los firmantes como que ellos tenían esa certeza porque estaban urdiendo un golpe de Estado, y en una jugada de laboratorio descabezan a la oposición de uno de sus líderes fundamentales. Cualquiera diría que son novatos los que están conduciendo la estrategia opositora (¿o lo son?).

En Venezuela es necesaria una transición. Hace justo un año, el 17 de febrero de 2014 un importante grupo de venezolanos, entre los que me honré estar, hicimos público un documento titulado “Urge una transición para rescatar la democracia en Venezuela” a través del portal de Venezuela Soberana (http://venezuelasoberana.com/urge-una-transicion-para-rescatar-la-democracia-en-venezuela/), donde se expusieron “las razones por las cuales es inevitable que en Venezuela se produzca cuanto antes una transición amparada en la Constitución, con el fin de evitar una catástrofe humanitaria, rescatar la democracia y reconstruir la República” (negritas y subrayado nuestro).

¿Cuál es la diferencia fundamental de este comunicado de hace un año con ese Acuerdo publicado por María Corina, Leopoldo y Ledezma? Que allí establecimos clara y explícitamente que la transición debía llegar por medios constitucionales. La omisión de ese detalle tan significativo le dio pié al régimen a interpretar como le dio la gana ese Acuerdo, utilizándolo como excusa y prueba abierta de un golpe, aún sin tener la más mínima evidencia en contra del Alcalde Metropolitano ni el resto de los firmantes.

Ahora bien, Diego Arria indicaba en su libro “La transición que propongo consiste en sustituir el régimen totalitario vigente en Venezuela por un Estado Democrático y de Derecho, y así garantizar la gobernabilidad y la vigencia de un sistema de libertades y de respeto a los derechos humanos. El medio para lograr tal cometido es la Asamblea Nacional Constituyente. Si algunos han sostenido que ya experimentamos recientemente (1999) un proceso constituyente y que otro sería contraproducente, se me hace necesario recordar que mi propuesta no implica ruptura constitucional alguna” (negritas y subrayado nuestro). Simple, claro y diáfano como el cristal, dicho años antes de que nuestros líderes opositores entendieran tarde que eso era necesario. Esto es lo que buscamos en el Proyecto País Venezuela Reconciliada Vía Constituyente (http://proyectopaisviaconstituyente.blogspot.com/).

Sin embargo, deseo que no se entienda mal el planteamiento que hago aquí en relación al llamado a un Acuerdo para la Transición realizado por estos importantes lideres de la oposición. ¡Por supuesto que es necesario un Acuerdo! pero nuestra oposición sigue insistiendo en seguir dando bandazos sin confeccionar una estrategia clara y única para lidiar con este régimen que cada día está cobrando más espacios, razón por la cual el Acuerdo luce descolgado de un marco estratégico global, cayendo en errores que cuestan muchísimo a la oposición democrática.

Diego Arria no formuló estas advertencias en 2011 porque tenía una bola de cristal, ni porque era el Nostradamus de la política venezolana. La formuló porque de ese podio en la UCAB era el que tenía más kilometraje político nacional e internacional, y veía el problema que se nos venía encima con la claridad de quien ha manejado asuntos de Estado, diciéndoles a los venezolanos y a esos muchachos que competían con él, que era necesaria una transición constitucional para arreglar institucionalmente al país ANTES de poder pensar en la alternabilidad política. Lamentablemente tanto a Leopoldo López como a María Corina Machado, presentes en ese encuentro, no les cayó la locha en ese momento sino hasta ahora.

Ese programa de tres puntos del Acuerdo es absolutamente necesario, pero para que este sea realmente efectivo para los fines que persigue, ANTES hay que CONSTITUCIONALMENTE LLEGAR A ESA TRANSICION. No es algo a lo que podamos llegar por generación espontánea, ni por deseos que no preñan. Hay que trabajar por eso, convenciendo a los venezolanos que es necesario cambiar el sistema político, y explicando para qué es necesaria una profunda reingeniería al Estado y a la Constitución. Y eso no se logra por otro camino diferente que trabajar por la convocatoria en Elecciones Auténticas del pueblo depositario de la soberanía a una Asamblea Nacional Constituyente, sin trampas, bloqueos o cortapisas de un CNE entregado al régimen.

Creemos que esto es posible pero convocando a los que más experiencia tienen, sin mezquindades, ni facturas, ni odios del pasado. Diego Arria hubiera sido un excelente candidato para los dos o tres años que propuso para esa transición que indicó en el debate de la UCAB, trabajando para abrirles el camino futuro a esos jóvenes que se encontraban con él en esa contienda. Pero lamentablemente la oposición venezolana no asimiló el mensaje que Arria advirtió en ese momento, con todas las consecuencias que ahora estamos viviendo. Pero lo más grave es que hasta ahora todavía no lo asimila.

La solución de los problemas de la complejidad y la magnitud de los que ahora padecemos requiere de mucho más que un enfoque electoralista. Requiere de una unidad efectiva que convoque a todos los venezolanos, en especial a los que más experiencia política tienen, para evitar que nos liquiden “uno por uno” con un numero de ejecución pegado en la espalda, entendiendo que ir a unas elecciones Parlamentarias no puede estar por encima del país, trabajando unidos para acordar una estrategia común que nos lleve a establecer un camino Constitucional a esa transición. Arria llamó a esa unión la Gran Alianza Nacional. Ojala esta vez le hagan el caso que no le hicieron en el 2012, porque sin duda, y parafraseando a Diego, esta es la hora de la verdad. Y vistas las circunstancias, creo que también lo es para ese Acuerdo para la Transición…

Caracas, 23 de Febrero de 2015

Twitter:@laguana

(1)     Diego Arria,Venezuela, La hora de la Verdad, Caracas Agosto 2012, ISBN 978-980-12-6002-8, Editorial EX LIBRIS

sábado, 6 de diciembre de 2014

El verdadero reto


Por Luis Manuel Aguana

Vuelta a las explicaciones básicas. Me sigue llamando la atención que nos pregunten todavía: ¿Constituyente? ¿Con ese CNE? Eso significa que hay que volver al principio. Nuestro planteamiento en el Proyecto País Venezuela NO INCLUYE a los Poderes Constituidos. Es el llamado al pueblo venezolano a que pura y simplemente expresen su voluntad de ejercer su derecho a tener el gobierno que deseen, dentro de la mejor estructura institucional posible, rescatando para sí la soberanía que solo le pertenece a los venezolanos y que ha sido secuestrada por un régimen castrador de libertades. Parece sencillo pero la experiencia de estos meses nos ha demostrado que no lo es.

En efecto, y aunque no haya sido escrito en nuestra Carta Magna, el Pueblo como depositario de la Soberanía tiene el derecho a ejercerla. De eso se trató la famosa sentencia del la antigua Corte Suprema de Justicia que le dio paso al gobierno de Hugo Chávez para convocar a un proceso constituyente en 1999. Y luego esa sentencia se tradujo en el Articulo 347 de la Constitución vigente.

Si las encuestas indican que los venezolanos que desean un proceso Constituyente superan ya el 70%, entonces ¿por qué no se ha traducido eso en miles de firmas para el llamado constituyente de los amigos de Voluntad Popular (VP)? Porque la gente no es idiota y pregunta. Y el tema no es trivial. Aunque exista el dispositivo constitucional que nos permita ciertamente cambiar las estructuras institucionales del país y hacer “borrón y cuenta nueva” con un proceso así, ¿por qué no avanzamos más rápido en esa dirección? Hay entonces que ponerle una lupa a eso.

Ya habíamos explicado las razones para no apoyar la recolección de firmas para un proceso constituyente de acuerdo al planteamiento de VP (ver Réquiem para unas bases comiciales en http://ticsddhh.blogspot.com/2014/09/requiem-para-unas-bases-comiciales.html). Sin embargo más allá de esa situación, el tema importante allí era que no se estaba tocando el fondo del problema. Si activamos este proceso no es para “pedirle el favor” al CNE para que chequee unas firmas o conduzca el proceso, sino para ordenarle al Poder Constituido Electoral que actúe de acuerdo a lo que indique el Depositario de la Soberanía, o simplemente descartarlo como órgano actuante en este proceso porque no creemos en absolutamente ninguno de los Poderes Constituidos, entre otras razones porque se encuentran contaminados por un gobierno extranjero. Es un problema de principios.

Somos NOSOTROS quienes debemos tener la certeza que tenemos las suficientes voluntades para activar el proceso Constituyente, de acuerdo a lo que dicta la Constitución, con el fin de demostrarles a todos los venezolanos y al mundo entero, que más de 3 millones de venezolanos deseamos contarnos de una manera transparente. ¿Qué plantea el Movimiento Constituyente que impulsa el Proyecto País Venezuela Reconciliada Vía Constituyente? Organizar a la Sociedad Civil para eso en toda Venezuela.

En este sentido, hay dos importantes tareas que cumplir. La primera: si el Depositario de la Soberanía, ergo nosotros, nos vamos a empoderar de nuestra propia situación como Ciudadanos, entonces debemos explicarle al país y al mundo PARA QUE deseamos un proceso como este. Ese PARA QUE está contenido en el Proyecto que le estamos planteando al país desde hace más de 10 años y que se ha sintetizado en un Libro Resumen que ya estamos haciendo circular por Venezuela (ver Proyecto País Venezuela Reconciliada Vía Constituyente Libro Resumen, en http://goo.gl/s12exA); y la segunda: movilizarnos con el instrumento de recolección de firmas que hemos elaborado y el procedimiento para su empleo por todo el país, estableciendo en cada Estado la organización que seguiremos para acopiarlas. Y también en cada Estado, explicar los alcances de esto porque cada uno tiene sus propias particularidades.

Pero aquí no estamos pensando en un ejército de personas paradas en las plazas públicas deteniendo a la gente que pasa por allí para que firme. NO. Preferimos pensar en personas que entiendan muy bien EL PORQUE Y EL PARA QUE el país debe ir a un proceso constituyente, y el cambio hacia una forma federal del organización del Estado que planteamos para Venezuela y las razones que nos llevan a creer que esa es la solución.

Convencer en grupos cerrados a personas que se conviertan en facilitadores en toda Venezuela y que estos a su vez convenzan a otros y que las firmas se realicen en lugares de reunión y discusión ubicados en comunidades, y al final que  las personas se comprometan a defender esas firmas, no solo porque saben las razones por las cuales están firmando y para qué, sino porque es de todos nosotros el compromiso personal de salvar a Venezuela. Eso puede llevarse a cabo perfectamente en Asambleas de Ciudadanos, en las casas, en las comunidades, en pequeños grupos regados por todo el país.

Cada región decidirá cuál será su mejor momento para comenzar y nuestra labor es entregarles toda la información que requieran y contestar a todas sus inquietudes. Por eso estamos moviéndonos por toda Venezuela con grupos organizados de la Sociedad Civil en los Estados con la intención de hacer viral el planteamiento del Proyecto País. Aquí vamos lentos y con pie de plomo porque estamos muy apurados.

El plan, si es que se puede llamar de alguna manera, es llegarles a muchas personas y lograr que entiendan lo que deseamos hacer. Que internalicen la naturaleza de la profundidad del cambio que proponemos y que salgan a su vez a exponerla en sus propios niveles y con sus propias palabras. Si no logramos eso, no lograremos voluntades y en consecuencia tampoco esas firmas para un proceso constituyente como el que proponemos en el Proyecto. Si lo logramos, con solo informar organizadamente en todo el país el momento preciso, recogeremos esas firmas en muy corto tiempo.

Entonces se equivocan quienes piensan que el esfuerzo está en recoger unas firmas. El esfuerzo real está en convencer a la gente de la necesidad de cambiar de raíz un sistema  político disfuncional y que entiendan lo trascendental del planteamiento que hacemos desde el Proyecto País Venezuela, en especial en las regiones, explicándoles que pueden vivir mejor y cuál es la ruta para llegar a eso. El reto es convertir habitantes en ciudadanos, que se empoderen de una esperanza que puede convertirse en realidad, ejerciendo el poder que tiene un ciudadano consciente de sus derechos. Ese realmente es el verdadero reto.

Caracas, 6 de Diciembre de 2014

Twitter:@laguana

martes, 1 de julio de 2014

El Poder Constituyente: ¿cambiamos al país o cambiamos al gobierno?


Por Luis Manuel Aguana

Intervención en la Cátedra Pío Tamayo de la UCV el 30-06-2014

Una vez más mi agradecimiento a la Cátedra Pio Tamayo y al Prof. Agustin Blanco Muñoz por la gentileza de convocarme a debatir estos temas de importancia para el país.

El titulo del Foro de hoy “¿Cual es la salida a la situación actual?” a mi parecer no es la pregunta correcta. Las preguntas correctas son las que llevan a las respuestas correctas. La salida a la situación actual debería ser la consecuencia de una serie de acciones que debimos iniciar los venezolanos desde hace muchísimo tiempo y que han producido metástasis en el cuerpo social y político de nuestro país, como bien lo ilustra la caricatura de Weil estampada en la convocatoria a esta conversación.

Yo ensayaría las siguientes preguntas “¿Tenemos los venezolanos el adecuado sistema de organización política e institucional, capaz de enfrentar las complejidades del mundo moderno, y a la vez producir desarrollo y bienestar?”. O mejor esta otra “¿A estas alturas de nuestro devenir histórico es posible pensar que un sistema centralizado de toma de decisiones basado en la figura de un líder único, llámese, Chávez, Capriles, María Corina, Leopoldo Lopez o cualquiera, puede resolverle a los venezolanos todos sus problemas, esta vez con mucho menos dinero del que tuvimos en el pasado, con una complejidad administrativa multiplicada de manera exponencial?”…

Decía en una nota que publiqué hace poco que si, por ejemplo, hay un sistema que le da la responsabilidad a un portero para que administre la agenda de reuniones de un Ministro, este solo terminará atendiendo a quienes el portero desee. Incluso invariablemente llegará al extremo de cobrar por ver al Ministro. Entonces, no es el portero quien tendrá la culpa que el Ministro no vea a quien deba o sea ineficiente en su gestión sino a quien se le ocurrió la tremenda idea de un sistema donde el portero administra la agenda de reuniones de un Ministro.

Y eso es exactamente lo que está ocurriendo en Venezuela. Todo el sistema de relaciones de poder está obsoleto, dañado y muy corrompido, y no es capaz de satisfacer las necesidades del país, independientemente de quien lo conduzca. Y esto no es desde ahora sino desde hace muchos años. Y este sistema empezó a hacer aguas desde que los venezolanos no entendieron las señales de que estaba necesitando a gritos un ajuste y se ignoró deliberadamente o por negligencia criminal.

Una señal significativa fue el Caracazo. Al utilizar las elecciones de Gobernadores y Alcaldes de 1989 como válvula de escape a la presión de la población, se le vendió a la gente la ilusión de “control político” del país. Nunca se soltaron los recursos y siempre quedo a la discrecionalidad del Ejecutivo el desarrollo regional y nacional. La corrupción hizo el resto cuando los ingresos subieron. Teníamos Gobernadores y Alcaldes electos pero sin poder resolver los más mínimos problemas de sus comunidades.

Surge entonces una nueva excusa: “no me bajan los recursos”. Un ejemplo: en el 2014 del total del Presupuesto Nacional de BsF. 552.632,6 Millones solo corresponde al Situado Estadal y Municipal BsF. 88.024,00, esto es el 15,92% de los ingresos totales del país.  Óigase bien, lo que ADMINISTRAN realmente los gobernadores y Alcaldes para resolver los problemas de la gente es solo el 15,92% de lo que ingresa al país, y eso cuando se los entregan. El restante 84,08% queda a la discrecionalidad de una persona, el  Presidente de la Republica. El Presidente decide si le entrega o no los recursos a los Estados en obras o servicios. Todo esto sin contar con los reales que le han sustraído a PDVSA y administra directamente el Presidente enviándoselo a otros países y a las Misiones del gobierno sin ningún control. Ni siquiera en la empresa familiar más modesta ocurre nada semejante. Ningún país puede funcionar así.

Y esto es solo una pequeña parte del problema. Existen otros igual de grandes como los de la administración de la justicia. ¿Sabían ustedes que los Pranes de la Penitenciaría General de Venezuela en San Juan de los Morros asignan los CUPOS de la Universidad Experimental Romulo Gallegos? Las madres van a entrevistarse a la cárcel con los Pranes para negociar cupos para sus hijos en la Universidad. La perversión en su nivel más extremo. Esa cárcel no depende del Estado Guárico de ninguna manera pero afecta la vida de esa gente. Si la justicia no está donde pasan las cosas, no está en ningún lado. Tenemos que cambiar eso.

Entonces, si los venezolanos creemos que porque se vaya este régimen y venga “la democracia” nuestras condiciones de vida cambiaran significativamente, manteniendo este sistema de hacer las cosas, nos estamos engañando de una manera ingenua, por decir lo menos. En poco tiempo volveríamos al caos de 1998. El problema a debatir entonces es cual sistema debemos diseñar y construir para que pueda existir una Venezuela viable y de futuro.

El planteamiento del Proyecto País Venezuela Reconciliada va mucho más allá que descentralizar funciones. Va en el sentido de empoderar, vía la construcción de un verdadero Pacto Federal, a las regiones diseñando un nuevo sistema de relaciones de poder donde cada región y sus habitantes decidan su futuro de acuerdo a sus potencialidades, haciendo valer sus Constituciones Estadales para poder sostener las responsabilidades que involucran la administración real de los recursos que les corresponden.

Explicamos en 12 Ejes del Desarrollo cual podría ser esa Venezuela del futuro que hay que construir. Es obvio que una nueva estructura de poder regional y federal, con un Senado, un Poder Parlamentario fuerte, un Presidente y un Vice Presidente Electos con doble vuelta, y una distribución regional y federal del ingreso nacional, no se corresponde con la estructura constitucional que existe en la actualidad. Y es por eso que la vía debe ser constitucional al convocar a una Asamblea Nacional Constituyente.

Ahora bien, explicado lo anterior, que las razones que nos mueven a un cambio constitucional no son ni pueden ser “salir de Maduro y el resto de los Poderes Públicos” ¿cómo llegamos a eso? Primero que nada, explicándole al país lo que deseamos hacer, como lo estamos haciendo ahora. La respuesta de las regiones que hemos visitado ha sido inusitadamente abrumadora: ¡¡¡¿¿¿Qué hay que hacer y donde hay que firmar???!!!

Pero las respuestas no son simples. Hay que explicar también que el cambio hacia un nuevo país y una nueva manera de hacer las cosas se fundamenta en dos principios consagrados en la Constitución: El Art. 5: “La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo…”, y el Art. 347: "El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder puede convocar a una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar al Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución". Esto último es una bomba atómica para cualquier régimen.

El Artículo 347 es hijo de la sentencia de la antigua Corte Suprema de Justicia que le dio a Chávez el poder de convocar una Asamblea Nacional Constituyente sin estar contemplado en la Constitución de 1961. La regla de los constitucionalistas funciona aquí como funcionó en 1999: “El Poder Constituyente de hoy no puede condicionar el Poder Constituyente del mañana”. O dicho de otra manera el Poder Constituyente de 1999, no puede atar el Poder Constituyente que podamos invocar hoy. Hoy podemos invocar al Poder Constituyente para hacer una nueva Constitución como se hizo en 1999, pasando por encima de la realizada por Chávez y sus Constituyentes electos por unas reglas tramposas, pero ahora sin la necesidad de una decisión de ninguna Corte porque ahora está establecido en la Constitución. Lo que es bueno para el pavo, también es bueno para los pollos.

Si el Pueblo es el depositario del Poder Constituyente Originario, no puede en ningún caso el Poder Constituido definir las reglas para su convocatoria ni su elección, así sea convocada incluso por el propio Presidente de la República, en cuyo caso deberá someter a la consideración del soberano las reglas con las cuales ellos plantean su convocatoria. Y aun así, es discutible el contenido de esas reglas ya que el proceso es constitucionalmente inédito, pudiendo nosotros también plantear las nuestras, contadas de manera transparente y auténtica.

En este sentido, planteamos una convocatoria de al menos un 15% del Registro Electoral acompañada con las reglas o Bases Comiciales donde los propietarios o dueños de la soberanía ordenan la manera en cómo se conducirá ese proceso, incluyendo la instauración de un Tribunal Electoral que establezca, por ejemplo, una auditoría independiente del Registro Electoral, escrutinios manuales de todos los sufragios constituyentes, en estricto apego y respeto a la Representación Proporcional de las Minorías, con la especificación técnica de cuantos Constituyentes serían electos y en qué regiones del país, así como las normas de funcionamiento de esa Asamblea, y toda normativa que nos garantice la transparencia del  proceso. En otras palabras Elecciones Auténticas de esos Constituyentes.

Obviamente eso no será fácil. El régimen se negará a eso como ya lo han manifestado, así como ya lo han hecho también representantes de la oposición oficial. Este planteamiento es la sentencia de muerte de ambos y el renacimiento del país en manos de sus actores naturales, los ciudadanos. La diferencia aquí estriba en una sola cosa: la lucha tendría un sentido y un propósito para todo el mundo. El pueblo soberano depositario del Poder Constituyente Originario quiere establecer unas reglas transparentes e imparciales para contarse y dirimir sus diferencias en paz y no se lo está permitiendo el Poder Constituido que desea quedarse en el poder para instaurar una dictadura comunista. ¿Quién en el mundo nos puede negar eso? Entonces hay que pelear esa Constituyente en las calles con un propósito. Esa es la definición, a mi juicio, de la llamada Constituyente de Calle de esta Cátedra.

Entonces no saldríamos pacíficamente a las calles buscando “sacar a Maduro” o a cualquier títere que pongan los cubanos, ni a pedir su renuncia, sino buscando un mejor país y un mejor sistema de gobierno para los venezolanos, de una manera soberana, sin injerencias ideológicas foráneas de ninguna naturaleza, basados en el sueño del país que deseamos y su forma de gobierno. Los venezolanos no nos merecemos menos que eso.

Caracas, 30 de Junio de 2014

Twitter:@laguana